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Archive for the ‘Comunicar dialogando’ Category

Un futuro apasionante

14 septiembre 2010 9 comentarios

Este video cortesía de Krü Research nos trae una bocanada de libertad y apoderamiento.

Celebremos todos que podamos revertir el cauce de la comunicación en salud y entre todos ganemos nuestra autonomía como pacientes y como médicos

Redescubriendo la conexión de salud (II)

19 agosto 2010 2 comentarios

O el fin de la medicina paternalista…

En mi anterior post quizá no fui muy explícito respecto al significado que deseo darle a la palabra conexión. Al hablar de las posibilidades que las nuevas tecnologías de la comunicación aportan a la medicina, quizás se puede malentender que circunscribo la conexión al tipo cibernético o que uno puede establcer a través de redes sociales.

Sin embargo, hablo de conexión en un sentido mucho más profundo y amplio. Me refiero a la conexión con el paciente que trasciende el acto médico y consigue que haya una atención activa en el sufrimiento/preocupación/cuitas del paciente enficado en estar con la otra persona. Un estar que se producce de forma recíproca por el paciente.

De nada servirá toda la tecnología del mundo si el médico no es capaz de recuperar ese ámbito para él. La dimensión conexional de los cuidados de salud es algo diferente de la empatía (que por cierto la mayor parte de médicos presionados por la consulta masificada, aún desconocen) La empatía se dirige directamente al paciente en respuesta al reconocimiento de sus emociones. Conectar implica un sentimiento mutuo, con beneficios para las dos partes. La conexión mutua no aparece tan sólo a causa del sufrimiento del paciente, si no que también  implica compartir los aspectos positivos de la relación.

Esta es la forma en la que el médico puede reencontrar el significado y el compromiso en un propósito que está mucho más allá del acto médico administrativo (diagnosticar-tratar). Mediante esta conexión, el médico encuentra recompensa en la capacidad curativa de simplemente estar con su paciente.

Y aquí es dónde las nuevas tecnologías de la comunicación vienen en nuestra ayuda porque nos proporcionan una nueva dimensión en la que conectar. Hasta el punto que el paciente deja de estar al otro lado de la mesa para ser uno más del equipo, que incluso puede ayudar. Como dice @ePatientDave: Let patients help.

El uso que el médico puede hacer del e mail, twitter, facebook, un blog etc… es más un asunto personal y de su talante comunicador. Manuales de uso o ideas para utilizarlos no faltan en la red. Lo importante es que detrás de ello hay un reconocimineto a un cambio en el contexto y las necesidades en que se produce hoy en día la práctica médica.  El futuro de la sanidad es social.

Sin embargo, la reacción más frecuente ante un paciente que se ha informado (o desinformado) por internet es de rechazo. Pero eso es lo mismo que enfadarse porque el paciente venga a vernos en su coche en lugar de utilizar el transporte público. Otra actitud muy frecuente es la de querer ocultar al paciente que utilizamos internet para estar al día de nuestra práctica y nuestros conocimientos.

En mi anterior post me hacía eco del extenso uso de internet que hacen los médicos para su práctica profesional. Por desgracia, aún quedan muchos que se vanaglorian de ni siquiera utilizar un ordenador en su consulta. Querrán dar la impresión de que contienen todo el conocimiento, pero a mí me dan el mismo pavor que me produciría un piloto de aeronave que en lugar de sus sofisticados instrumentos de navegación utilzase su sentido de la orientación y su experiencia para hacer volar el aparato. ¿Por qué toleramos eso en la medicina?

A mí me encantaría que mi médico consultase internet delante mío para asegurarnos de que no hay ninguna nueva investigación o posibilidad terapéutica sobre el mal que me aqueja. O que dedicase un tiempo a aconsejarme los lugares dónde puedo consultar la mejor información sobre mi dolencia. Y ya no digamos si al cabo de unas horas o días de verle, me envía información complementaria o es capaz de responder a mis dudas sobre el proceso de curación o el tratamiento. Hay ya algunos ejemplos de médicos que reciben información novedosa o links a web divulgativas de sus pacientes más conectados y ¡la reenvían a otros de sus pacientes menos hábiles tecnológicamente!

Existen multitud de servicios en internet o mediante plataforma móvil que ayudan al médico y al paciente en su relación terapéutica. Estos sistemas permiten un seguimiento de la evolución del proceso y mediante algortimos proporcionan consejos a uno y otro sobre cómo mejorar los resultados. ¿por qué mi médico no me recomienda ninguno? Es triste acudir a la consulta de un endocronólogo en la era de twitter y recibir una fotocopia de dietas de 1.500 calorías para que controle mi peso, origen y causa de la diabetes 2 que me ha diagnosticado.

Resulta chocante en un contexto dominado por la información de acceso libre y universal. El número de médicos y enfermeras en twitter es bajo: no superan los 30.000. La era industrial de la medicina ya no da más de sí. Los hospitales y consultas están sobre demandados, no se puede atender a todo el mundo y el descontento y la decepción profesional van en aumento.

Sin la conexión que las nuevas tecnologías hacen ahora más fácil, las exigencias que tiene desempeñar la medicina en el mundo actual puede sobrepasarnos y dejarnos una continua sensación de vacío. Sin embargo, si somos capaces de conectar con los pacientes, podremos recibir de ellos todo lo que tienen que ofertar. El sentimiento de gratitud hacia la vida y esta profesión que se obtiene entonces, proporciona energía renovada para perseguir el bienestar de los demás.

Como dice esta magnífica presentación de Krü Research, Marcus Welby ha muerto*.

* Para los más jóvenes, ‘Marcus Welby Doctor en Medicina’, fue una famosa serie de TV de finales de los 70 que provocó el ingente número de vocaciones hacia la medicina en España. El Dr Welby ejercía la medicina de una forma paternalista y por supuesto con un profundo componente sentimental en todas sus historias- muy lejos de la realidad-, que a muchos adolescentes nos embargaron…

Redescubriendo la conexión de salud (I)

4 agosto 2010 5 comentarios
O… ¿por qué los médicos españoles se conectan tan poco? O… una oportunidad para reencontrar el significado de la salud y la profesión médica

He querido poner varios títulos posibles porque el artículo que empiezo a escribir tiene múltiples caras y desde luego está sujeto a interpretaciones diversas, que me alegraría mucho ver reflejadas en comentarios de los que generosamente dedican parte de su tiempo a compartir conmigo algunas de estas reflexiones.

Lo divido en secciones para no aburrir en estos días estivales, cuya temperatura exige cierta claridad y ligereza en los artículos que se publican.

Este artículo lo hubiera querido escribir en cuanto descubrí el potencial y la oportunidad que las redes sociales me abren como médico (ojo, incluyo en mi denominación profesional mi inseparable personalidad, deseos, angustias e ilusiones como ser humano).

Sin embargo, en estos meses, he comprendido que mi experiencia fue posible por estar separado del sistema de cuidados de salud en el que vivimos. Un sistema que, a pesar de esforzarse cada día más por mostrarnos que es dueño de tecnología más puntera, fracasa en aplicar la más sofisticada de todas ellas: la relación médico-paciente (voy a asumir paciente como sinónimo de persona que desea recuperar u obtener un cierto nivel de bienestar personal -en lo físico y emocional se comprende- y desde una actitud proactiva para la  elección y la toma de decisiones).

Existe cierta tendencia de opinión a pensar que el escaso uso de las redes sociales por parte de los médicos (incluyo el correo electrónico) como plataforma para mejorar el proceso de recuperación de la salud se debe a su desidia en la asunción de los cambios en cómo las personas se informan sobre la salud o en la ignorancia de las posibilidades que les abren.

Francamente, no creo que ese sea el problema. Mis colegas, a pesar del deterioro en su autoimagen a la que se han prestado en las últimas décadas, siguen siendo personas con capacidad de observar, estudiar y saber qué ocurre. Dudo que, a excepción de algunos colegas autoexcluidos de la revolución internet por propia decisión, haya muchos médicos españoles que desconozcan en su esencia el uso, alcance y posibilidades de las redes sociales en salud. Otro tema es su capacidad de manejo de las mismas o si el sistema de cuidados promueve su utilización.

El problema reside en la pérdida de capacidad de conexión del médico con sus pacientes. Pérdida que se ha producido de forma paulatina y casi imperceptible para unos y otros, aunque acelerada desde la primera guerra mundial y los grandes avances quirúrgicos y de tecnología que se produjeron desde entonces.

Tres factores han incidido en ello:

  1. La importancia desmesurada de la técnica sobre el arte en la medicina. El médico y el paciente han preferido depositar su confianza casi ciega en la tecnología y abandonar sin darse cuenta, algo tan esencial como la relación de escucha empática, la adaptación de los cuidados a cada persona con soluciones individualizadas (el protocolo aplicado a ciegas causa estragos). El terreno de las normas ha sido propiciado por la industria tecnológica de la salud, interesada en soluciones estándar aplicables en economía de escala y reproducibles. El método científico has sido el rehén de estos intereses y sólo ahora empezamos a ver sus consecuencias en el terreno de la farmacología, aunque también se podrían poner ejemplos en el ámbito de los aparatos de diagnóstico.
  2. El avance que supuso para el bienestar social el aseguramiento general de la asistencia sanitaria, acarreó cierta dejación por parte del médico de su responsabilidad como agente de salud en manos del gran empleador: público y privado. En mayor medida en el primero y con variaciones individuales de profesionales nunca dispuestos a ceder el carácter liberal de la profesión, su independencia de juicio y su derecho a intentar lo posible por mejorar la salud de su paciente. Las mismas sociedades científicas no son más que agrupaciones de interés que de  forma aislada y escasa ejercen su responsabilidad de contrapoder de intereses     corporativos. Incluso en ámbitos con sociedades civiles más proactivas. Valga como  ejemplo el caso de la gripe A vivido recientemente.
  3. Vivimos en un sistema analógico -unidimensional- de cuidados de salud, en el que imaginándonos sin nuevas tecnologías, la comunicación es aún unidireccional, basada en la asimetría de información y una ilusión de oferta ilimitada que crea, no una demanda ilimitada sino una demanda errónea que crea más demanda. Evidentemente, la comunicación abierta y mutidireccional que propician las nuevas tecnologías es incompatible con un sistema que “premia” al enfermo y “castiga” al sano.

La explosión de una nueva forma de comunicación es, quizás, el elemento que de una forma más plausible ha puesto de manifiesto esta desconexión entre médico y paciente. Las nuevas tecnologías permiten que cualquiera sin entrenamiento profesional puede mantener un diálogo con múltiples interlocutores en múltiples canales con o sin el permiso de los instituciones sanitarias formales.

Contrasta el dato de la desconexión con el cada vez mayor uso de las redes sociales por parte de los médicos para comunicarse entre ellos o encontrar información que les ayude en su práctica y desarrollo profesional. Las encuestas de pewinternet (Social Life of Health Information) o los fantásticos datos de F. Lupiáñez que recoge Eva Velasco , lo ponen de manifiesto.
Sin embargo, las instituciones formales aún obtienen rédito de la organización y la estrategia de cuidados actual, por lo que no es presumible esperar impulsos de cambio desde ellas. Al contrario, veremos un período de reacciones en contra, como cortar el acceso a las redes sociales  desde los ordenadores de centros sanitarios, ocultar información para la toma de decisiones por sus clientes o negarse a aceptar otro tipo de acto médico que no sea el convencional analógico. El médico inmerso en la tremenda presión asistencial que le impone el sistema, no está dispuesto a abrir esa “caja de Pandora” como expresaba la médico Pauline Chen en un artículo en el NY Times

El cambio deberá venir por parte del médico y del paciente, los únicos protagonistas del sistema. Tendrán que ser capaces de reencontrar la dimensión relacional del acto médico. Dimensión perdida  en la creencia sobre el poder ilimitado de la técnica. Valga como ejemplo la desmesurada prescripción de ciertos fármacos de forma “preventiva” sin dar posibilidad a la recuperación natural de organismo, que exige un tipo de relación distinta a la transaccional desde el sufrimiento.

La conexión empática implica, no sólo reconocer las emociones del otro, sino el compartir los aspectos positivos de la situación y actuar en consecuencia. Este tipo de conexión permite a los clínicos dotar de significado al acto médico al tiempo que crean el compromiso mútuo (hacia la salud) suya y de su paciente.

A través de esta conexión, el médico puede ayudar como experto a que su paciente descubra y adquiera las capacidades que posee para recuperar, mantener o mejorar su salud. Y,  en los casos más graves, simplemente estar presente acompañando en el camino a su paciente.

En el próximo post hablaré de cómo las nuevas tecnologías pueden significar un complemento e impulso para recuperar este tipo de relación curativa.

Esta innovación supondrá un antes y un después, no sólo para la persona con problemas de salud o deseando mejorarla, sino para la profesión de la medicina, corroida demasiado tiempo por la pérdida de significado, el síndrome del burn out y el trabajo a destajo realizado por trabajadores de la salud estandarizados y fácilmente reemplazables. Lo que ha empobrecido económica y socialmente de forma notable a la generalidad de la profesión, en favor de los intereses corporativos públicos y privados.

¿Creemos que se pueda controlar nuestra vida y estado de salud?

28 febrero 2010 9 comentarios

Llevo demasiadas semanas sin escribir. Algo que  me ha generado un sentimiento de culpa para con aquellos que con generosidad leen mis artículos. Tengo coartada: la pasión por una nueva ocupación que, aparte de restarme tiempo de escritura, me ha provocado una tormenta de reflexiones internas sobre cómo las personas se hacen cargo de su vida.

La pasión que muchos tenemos por la innovación que internet ha supuesto ,para que las personas comprendan los mecanismos de la salud y enfermedad, nos hace tener el que se llama “sesgo de investigador” (el que se comete cuando  fijas tu atención en algo que deseas y no adviertes otras realidades existentes)  Este desenfoque de la realidad nos hace creer que hay muchas más personas deseosas de conocer su cuerpo, gestionar su salud y controlar su enfermedad, de las que realmente lo están y desean ponerlo en práctica.

Comentarios en twitter y artículos en blogs y revistas del sector lo confirman: una mayoría de la población no quiere ni desea gestionar su vitalidad y su calidad de vida. En el blog e-patients de Medicina Colaborativa (Participatory Medicine) Darthmed, un comentarista  acertado, llamaba la atención sobre el asunto de la siguiente manera: “…El restante 95% de los pacientes no están motivados para ser informados o invetir tiempo/energía/dinero en utiizar ninguna herramienta [para mejorar su salud y calidad de vida]Son los que saben que comer en un fast food no es sano, pero están simplemente demasiado cansados para hacer una elección distinta”.

Las pruebas de esta realidad surgen por doquier. En un reciente taller de trabajo sobre educación en salud llevado a cabo en los Estados Unidos,  orador tras orador explicaba como nada parecía funcionar para que la gente cambie su alimentación o su nivel de ejercicio para su mejor bienestar. Diversas encuestas de mercado arrojan la desidia de la población para hacerse cargo de su salud y una experiencia tras otra de ofrecer herramientas e información para la prevención de enfermedades se topan con la cruda realidad: escaso éxito de la iniciativa y casi nula participación de aquellos a los que se dirige la oferta.

¿Qué hay detrás de esta actitud? A mi modo de ver, una dejación de responsabilidad sobre nuestro propio cuerpo y vida. Dejación más tangible aún en aquellas culturas con fuerte componente de creencias cristianas. Dejación que se fundamenta en una creencia muy arraigadas en el inconsciente colectivo: no podemos actuar sobre nuestro cuerpo, ni tenemos la capacidad para ello.

A ello han contribuido décadas de progreso terapéutico y mensajes de que todo nos lo hacen otros desde fuera junto a siglos de alienación religiosa de nuestro cuerpo.

Muchos médicos no parecen dispuestos a renunciar a su posición mágica en la tribu. Para gran parte de ellos internet es un enemgio a batir y desalientan cualquier intento de sus pacientee por informarse sobre su condición, hacerse cargo de su recuperación y colaborar en la acción terapéutica. Por fortuna, una parte creciente de ellos, opina de otro modo y están ayudando enormemente al progreso médico (en esto la edad o la comprensión de las tecnologias poco tienen que ver, es una cuestión de actitud)

Esta situación nos lleva hasta la enorme brecha que hay entre las personas que tienen un control interno sobre su cuerpo y su vida y aquellas que se dejan en manos del destino o de los doctores. Brecha que el universo digital no está haciendo sino agrandar.

Y a un lado de esa brecha nos encontramos los apasionados de las posibilidades que el mundo virtual nos aporta para conseguir nuestro anhelo:  despertar en nuestro ser la maravillosa habilidad de controlar nuestra vida. Sin embargo, creo que estamos perdiendo de vista la realidad y creyendo que con poner al alcance esas posibilidades de internet ya hemos conseguido nuestro objetivo.

Vodpod videos no longer available.

Estamos aún muy lejos de lo que este video nos propone, como nos recordaba Darthmed en su comentario.

Pero eso no quiere decir que debamos renunciar a hacernos cargo de nuestra vida. Tan sólo que no debemos olvidar que, lo primero a conseguir, es levantar el velo que muchos aún tienen sobre el maravilloso don que nos ha dado la naturaleza: nuestra capacidad de autocuración.

Por eso siempre que tengo dudas o no sé por dónde seguir, veo y pienso en lo que este video nos dice:

Vodpod videos no longer available.

Sólo así conseguiremos revelar que el ser humano es capaz de hacerse cargo de su vida y de su salud.

El paciente activo: camino hacia la sostenibilidad de los sistemas sanitarios

11 enero 2010 18 comentarios

Para empezar el año, quiero repasar un hecho crucial que afecta  a todos los sistemas sanitarios del mundo y que, por desgracia, se pierde por el efecto cancamusa de los avances tecnológicos -físicos y químicos- que deslumbran y desvían del objetivo principal a médicos, pacientes y autoridades sanitarias.

En vez de conducir a una recuperación de la calidad de vida perdida por la enfermedad, estos avances sólo alivian síntomas, muy pocas veces curan y las más llevan a un  consumo ilógico de fármacos de los que no se sigue las indicaciones y dosis adecuadas, al derroche en pruebas diagnósticas, a un excesivo número de visitas al médico y tiempo de vida productiva malgastado -ojo, productiva desde un punto de vista humano no económico- , con la consiguiente pérdida de la calidad del vida de las personas.

Sin embargo, casi ningún agente del sistema aborda este hecho crucial de forma responsable.  Casi nadie aporta valor al mercado y la sociedad dirigiendo sus esfuerzos a cubrir este sinsentido. Las marcas sanitarias se dedican denodadamente a salvar vidas como el que saca agua del mar, de forma que su comunicación es cada vez menos creíble, (autoridades sanitarais) su reputación casi insalvable (caso farmacéuticas) y la desconfianza cada vez mayor (médico)

El caso es que muchos médicos que atienden a personas con enfermedades crónicas comentan a menudo: “mis pacientes saben mejor que yo cómo desenvolverse con la diabetes, artrosis, esclerosis múltiple, psoriasis, etc..” Este conocimiento y experiencia de muchos pacientes ha sido persistentemente ignorado, a pesar de que puede modificar de forma sustancial la calidad de la asistencia y, sobre todo, su calidad de vida.

Pero esta situación empieza a cambiar. La investigación, efectuada sobre todo en al ámbito anglosajón, demuestra que el paciente actual no necesita, ni demanda ser un mero receptor pasivo de cuidados. En realidad, pueden ser los agentes decisores en su proceso de curación.

El paciente puede recuperar su bienestar y el control sobre su vida mediante el adecuado entrenamiento y educación sobre aquellos aspectos de su proceso curativo que puede manejar directamente. Se pueden diseñar programas de automanejo de la enfermedad que reduzcan la severidad de los síntomas y mejoren la confianza en el médico, así como la calidad de vida del afectado.

Un necesario cambio de paradigma

La experiencia de los enfermos crónicos con el sistema sanitario es diversa. En ocasiones, la persona diagnosticada de una dolencia crónica recibe consejo e información y obtiene respuesta a sus preguntas. Sin embargo, la mayoría no va más allá y se convierte en un receptor pasivo de medicamentos y terapias que, en un porcentaje considerable, dejan de seguir al poco tiempo.

La consecuencia más directa es que las personas experimentan una reducción en su calidad de vida.

Como derivada, aparecen los problemas laborales con los consiguientes costes para la sociedad y la pérdida de riqueza productiva, pero -sobre todo- la perdida de calidad de la vida de las personas afectadas. Como colofón, la excesiva frecuentación de los servicios sanitarios no sólo supone un coste directo de sobreutilización, sino una insatisfacción del ciudadano con su sistema de cuidados de salud, ya sea público o privado.

Sin embargo, casi todos los agentes del sistema ignoran esta necesidad de los pacientes que cada día se expresa con más fuerza. Los médicos aún son reticentes a comunicarse con sus pacientes a través de internet, resolver sus dudas en un e mail, contestar sus inquietudes en una red social o guiarles hacia la mejor información en internet.

La enfermedad crónica y sus consecuencias

Se calcula que en España hay unos 19 millones de personas con alguna enfermedad crónica (SeMFyC, 2008) De ellos, entre 5 y 7 requieren asistencia sanitaria continuada.
El 22% de los enfermos ve afectada su vida laboral y más del 30% su vida familiar
Las personas con algún trastorno crónico tienen ante sí el reto de:
– reconocer sus síntomas
– manejar las agudizaciones de su dolencia
– manejar sus medicamentos y terapias de forma adecuada
– manejar su nutrición y dietas
– practicar el adecuado y necesario ejercicio físico
– dejar de fumar
– manejarse con su trabajo
– manejarse con la fatiga y el dolor
– desarrollar mejores estrategias de afrontamiento de la enfermedad para controlar el estrés y sus relaciones con los demás y con su entorno

Por lo general, este grupo de necesidades no se aborda de forma integral y pautada ni desde los servicios sanitarios, ni desde los sociales

Los programas de recuperación del bienestar

Los actuales programas educativos para pacientes se vienen utilizando como meros vehículos de información aséptica e instrucción sobre la enfermedad. Se miden por su éxito en el cumplimiento terapéutico sin atender a ninguna otra variable.

Sin embargo, un programa de recuperación del bienestar persigue dotar de herramientas y conocimientos para que la persona puede responsabilizarse de su condición y adquiera de nuevo un control sobre su vida, mejorando su calidad -como mínimo- hasta los niveles previos al diagnóstico. Se basan en el desarrollo de la confianza y la motivación.

Existen numerosos programas testados a lo largo de los últimos 20 años. Se trata de programas que se centran en el impacto de la dolencia en la persona, no en el impacto en la consulta del médico.

Los programas que se han demostrado más efectivos son los liderados por personal sanitario con apoyo de voluntarios de  asociaciones de pacientes. Las experiencias en que estos programas han sido desarrollados sólo por personal no sanitario (pacientes líderes), aunque han mejorado las habilidades y la confianza del enfermo, no han mejorado la utilización de los servicios de salud.

Una visión

Cuando estos programas se instauran con éxito:

– Muchos más enfermos crónicos mejoran, se estabilizan o progresan más lentamente

– Muchos más enfermos crónicos son capaces de manejar su dolor, prevenir sus complicaciones o cumplir con la medicación

– Los pacientes se ven menos incapacitados por la fatiga, el insomnio, la baja energía  las consecuencias emocionales de su enfermedad

– Los pacientes son más capaces de conseguir y/o retener sus empleos, así como de utilizar de forma más adecuada los servicios sanitarios y sociales a su disposición

En suma, un  paciente activo, informado sobre su dolencia y su medicación y entrenado para adquirir habilidades y disponer de recursos que le permitan ajustar su vida a la nueva situación, se sentirá más seguro y confiado en su recuperación y en su relación con el médico.

La adquisición y desarrollo de estas habilidades, mejorarán la provisión de servicios sanitarios, aliviará la carga asistencial y promoverán un uso racional y sostenible de los servicios de salud.

Si estás de acuerdo con esta visión, te agradecerés te sumes contestando a la encuesta y difundiendo este post tanto como puedas.

Internet redefine la comunicación de salud

17 noviembre 2009 6 comentarios

Hace unos meses tuvo lugar en Holanda una reunión –Reshape 09‘-de pioneros en la comunicación de salud a través de internet  y, sobretodo, utilizando los medios sociales para lograr una mayor efectividad.

El nuevo consumidor de salud que se perfila, cada vez con mayor fuerza en todo el hemisferio occidental, busca información concreta, creíble y con posibilidad de interacción para la toma de decisiones sobre su propia salud. El conceptp de base que rige este comportamiento es la asunción de la responsabilidad sobre el propio cuerpo y, en consecuencia, la dirección del equipo de salud que le permita recobrar su bienestar.

Este es un cambio fundamental de paradigma que obliga a todos los actores del sector a cambiar su forma de aproximarse y comunicarse con el paciente. En la reunión, liderada por Lucien Engelen (@Zorg20, “Health 2.0″) se  proyectó un video del que ahora ha aparecido la versión en inglés.

Vodpod videos no longer available.

Creo que los hechos y datos que proporciona son esclarecedores del futuro cercano al que se enfrentan los sistemas sanitarios en Occidente. En Europa, de momento, son los hospitales del norte del continente los que están liderando este cambio, como se ve en el gráfico adjunto:

En este cambio de paradigma, el médico sigue siendo un agente esencial y, sin su contribución, el paciente no logrará encontrar información y herramientas, creíbles y de confianza, para la mejora de su salud. Un ejemplo de este tipo de aproximación está en la red vi.vu, de cuya iniciativa se ha hecho eco la revista electrónica internacional Engagement Strategy, de la consultora Creation Interactive.

Como diversos análisis del futuro de la provisón de servicios sanitarios y de la industria farmacéutica señalan, la colaboración entre los agentes del sistema (médicos, financiadores y proveedores -hospitales, industria farmacéutica-) con el paciente en su centro de acción es la nueva forma de proveer, prestar, curar y compartir.

Marketing de compromiso en salud: experiencias en España

30 octubre 2009 8 comentarios

El sector salud en España se caracteriza por una fuerte componente de unidireccionalidad en sus mensajes, poniendo al médico (y al propio sistema) como centro de toda la actividad. El paciente se sitúa en un plano marginal sin que haya interacción efectiva con él. Incluso en la consulta del médico, la interacción encuentra muchos obstáculos en forma de:

  • escaso tiempo de visita (media de 5 min. en Atención Primaria y de 15 en hospitalaria)
  • falta de formación en técnicas de comunicación efectiva con el paciente
  • ausencia de programas de intervención en el comportamiento y la actitud hacia el diagnóstico y la enfermedad, aunque si existen muchos programas de formación educacional e información.

La industria farmacéutica no se relaciona con el paciente arguyendo razones de imposición legislativa, pero lo cierto es que la ley lo que prohibe es la publicidad y los mensajes que inciten al consumo de fármacos, no la conversación con el paciente para que éste obtenga la mayor efectividad del producto prescrito.

Hasta el momento en España, sólo algunas compañías se han atrevido a dar un paso adelante y hacer evolucionar su marketing. No obstante, se trata de programas para llamar la atención sobre la enfermedad y sus síntomas o, simplemente, ofrecer información, respuestas a preguntas y consejos. La campaña DTC de Viagra® fue la que inauguró esta aproximación en España y luego le siguieron todos los medicamentos contra la disfunción eréctil, los programas on-line para deshabituarse del tabaco o los de control de la tensión arterial.

Los hospitales públicos y las compañías aseguradoras no son una excepción, si bien éstas últimas llevan años con servicios telefónicos y programas de prevención que responden más a la lógica de su marketing para captar asegurados, que a una conversación real con sus clientes para ayudarles a hacer un mejor uso de sus servicios y recuperar la calidad de vida tras una enfermedad.

Todos ellos tienen en común la ausencia de conversación e interactividad real con los pacientes o de éstos entre ellos. Casi todas las grandes farmacéuticas disponen de páginas web sobre enfermedades (para las que disponen de medicamentos) con consejos e información. Ni siquiera abren la posibilidad de que el paciente haga alguna pregunta y lo dirigen siempre hacia su médico. No hay conversación.

La investigación disponible y la literatura científica dejan al descubierto la precariedad de esta forma de relación con el paciente, pero también de la compañía con sus médicos prescriptores o prestadores de servicios. Sobre todo, en un contexto en el que el paciente dispone de herramientas y canales para hacerse cargo de su estado de salud y consultar, compartir y contrastar el servicio o producto que utiliza, con otros expertos o con sus iguales.

Pero ¿qué hacen los internautas españoles cuándo buscan información en internet? El grupo de investigación en internet ComScore ha dado a conocer datos sobre las consultas relacionadas con la salud entre junio de 2008 y agosto de 2009.

En España el crecimiento has sido espectacular, con un 230% de aumento de las consultas sobre salud en internet. La epidemia de gripe porcina (o A, como se la ha querido llamar en un cínico ejercicio de paternalismo) tiene mucho que ver en ello, pero descontando su efecto, el crecimiento es el mayor entre varios países europeos.

Sin embargo, este aumento no se reflejó en las páginas de la industria que hemos comentado. El paciente busca información en lugares que les inspiran mayor confianza, no utilizan técnicas de venta y sirven para establecer un diálogo:

Site Ranking Item Total Unique Visitors (000) % Reach
Total Internet 19,529 1.000
Health 3,270 167
1 TUOTROMEDICO.COM 220 11
2 FITNESS.COM 213 11
3 VADEMECUM.ES 203 10
4 DOCTORALIA.ES 169 9
5 SANITAS.ES 140 7
6 PULEVASALUD.COM 136 7
7 PORTALESMEDICOS.COM 123 6
8 HISPAGIMNASIOS.COM 113 6
9 FAMILYDOCTOR.ORG 110 6
10 DIAGNOSTICOMEDICO.ES 103 5

Curiosamente, tampoco las páginas de información del ministerio de Sanidad o las CCAA salen en este ranking, denotando la falta de confianza que atraviesa a todo el sistema y sus principales agentes.

La web más visitada es el servicio de información de una aseguradora de salud, Sanitas. La segunda es una red internacional de fitness con fuerte presencia en lengua española, cuya principal característica es el foro donde los usuarios comentan , comparten, contrastan y juzgan. La tercera web más visitada ofrece un servicio de búsquedas de profesionales.

En este sentido, la actividad en foros es especialmente rica, pero no necesariamente dentro de las webs de salud. El forum de fitness.com, o el foro enfemenino, son un claro ejemplo de cómo las personas buscan la interacción y el compartir con sus iguales.

Sin embargo, existen ya algunas experiencias muy positivas en España de las que destacaré:

  • Red Vi.vu, una red social creada en el 2008 con el ánimo de interconectar a profesionales y pacientes mediante el sistema pregunta-respuesta y la facilitación de documentos divulgativos. Por el momento, la red -lanzada en marzo de 2009- no ha desplegado toda su capacidad de conversación. Su estrategia es desarrollar la reputación on-line del profesional sanitario para que el paciente poco a poco pueda adquirir cada vez más un control sobre la información que desea (con fuenets creíbles) y llegue a crear “su propio equipo de salud”.
  • ForumClinic un servicio puesto en marcha por el hospital Clínic de Barcelona que permite a las personas  conocer mejor la enfermedad que padecen y adquirir habilidades para recuperar su bienestar. Los pacientes y sus familiares pueden, además,  interactuar entre ellos. La iniciativa es un paso adelante en la comunicación y relación de los hospiltales con sus pacientes pero aún muy médico-céntrica, ya que la supervisión de contenidos la hacen médicos y no se permite a los pacientes colgar sus propios recursos.
  • Yopuedo, extraordinaria iniciativa de Lundbeck para los pacientes con depresión que, además de consejos y ayuda, ofrece  un foro en el que estos pacientes pueden interaccionar. Sin embargo, cierra la posibilidad de que éstos aporten sus propias informaciones y contenidos.

Lundbeck utiliza YoPuedo como puntal del marketing de su fármaco Cipralex® El producto por sí mismo mejora la vida de los que lo toman. Pero por medio de su marketing no sólo lo dan a conocer y promueven su prescripción, sino que también se asegura de que lo tomen el tiempo suficiente, de que el paciente adquiera habilidades para mejorar el efecto del fármaco, de que sea el dueño de su recuperación y de su vida,  reduciendo costes en el sistema de salud con su programa de apoyo y haciendo más fácil para los médicos el seguimiento y la relación con sus pacientes. Parafraseando a Jonathan Richman, autor del blog Dose of Digital: La gente encuentra una lógica en el valor que aportan Lundbeck y su fármaco. ¿Quién la encuentra en el suyo?