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Redescubriendo la conexión de salud (I)

O… ¿por qué los médicos españoles se conectan tan poco? O… una oportunidad para reencontrar el significado de la salud y la profesión médica

He querido poner varios títulos posibles porque el artículo que empiezo a escribir tiene múltiples caras y desde luego está sujeto a interpretaciones diversas, que me alegraría mucho ver reflejadas en comentarios de los que generosamente dedican parte de su tiempo a compartir conmigo algunas de estas reflexiones.

Lo divido en secciones para no aburrir en estos días estivales, cuya temperatura exige cierta claridad y ligereza en los artículos que se publican.

Este artículo lo hubiera querido escribir en cuanto descubrí el potencial y la oportunidad que las redes sociales me abren como médico (ojo, incluyo en mi denominación profesional mi inseparable personalidad, deseos, angustias e ilusiones como ser humano).

Sin embargo, en estos meses, he comprendido que mi experiencia fue posible por estar separado del sistema de cuidados de salud en el que vivimos. Un sistema que, a pesar de esforzarse cada día más por mostrarnos que es dueño de tecnología más puntera, fracasa en aplicar la más sofisticada de todas ellas: la relación médico-paciente (voy a asumir paciente como sinónimo de persona que desea recuperar u obtener un cierto nivel de bienestar personal -en lo físico y emocional se comprende- y desde una actitud proactiva para la  elección y la toma de decisiones).

Existe cierta tendencia de opinión a pensar que el escaso uso de las redes sociales por parte de los médicos (incluyo el correo electrónico) como plataforma para mejorar el proceso de recuperación de la salud se debe a su desidia en la asunción de los cambios en cómo las personas se informan sobre la salud o en la ignorancia de las posibilidades que les abren.

Francamente, no creo que ese sea el problema. Mis colegas, a pesar del deterioro en su autoimagen a la que se han prestado en las últimas décadas, siguen siendo personas con capacidad de observar, estudiar y saber qué ocurre. Dudo que, a excepción de algunos colegas autoexcluidos de la revolución internet por propia decisión, haya muchos médicos españoles que desconozcan en su esencia el uso, alcance y posibilidades de las redes sociales en salud. Otro tema es su capacidad de manejo de las mismas o si el sistema de cuidados promueve su utilización.

El problema reside en la pérdida de capacidad de conexión del médico con sus pacientes. Pérdida que se ha producido de forma paulatina y casi imperceptible para unos y otros, aunque acelerada desde la primera guerra mundial y los grandes avances quirúrgicos y de tecnología que se produjeron desde entonces.

Tres factores han incidido en ello:

  1. La importancia desmesurada de la técnica sobre el arte en la medicina. El médico y el paciente han preferido depositar su confianza casi ciega en la tecnología y abandonar sin darse cuenta, algo tan esencial como la relación de escucha empática, la adaptación de los cuidados a cada persona con soluciones individualizadas (el protocolo aplicado a ciegas causa estragos). El terreno de las normas ha sido propiciado por la industria tecnológica de la salud, interesada en soluciones estándar aplicables en economía de escala y reproducibles. El método científico has sido el rehén de estos intereses y sólo ahora empezamos a ver sus consecuencias en el terreno de la farmacología, aunque también se podrían poner ejemplos en el ámbito de los aparatos de diagnóstico.
  2. El avance que supuso para el bienestar social el aseguramiento general de la asistencia sanitaria, acarreó cierta dejación por parte del médico de su responsabilidad como agente de salud en manos del gran empleador: público y privado. En mayor medida en el primero y con variaciones individuales de profesionales nunca dispuestos a ceder el carácter liberal de la profesión, su independencia de juicio y su derecho a intentar lo posible por mejorar la salud de su paciente. Las mismas sociedades científicas no son más que agrupaciones de interés que de  forma aislada y escasa ejercen su responsabilidad de contrapoder de intereses     corporativos. Incluso en ámbitos con sociedades civiles más proactivas. Valga como  ejemplo el caso de la gripe A vivido recientemente.
  3. Vivimos en un sistema analógico -unidimensional- de cuidados de salud, en el que imaginándonos sin nuevas tecnologías, la comunicación es aún unidireccional, basada en la asimetría de información y una ilusión de oferta ilimitada que crea, no una demanda ilimitada sino una demanda errónea que crea más demanda. Evidentemente, la comunicación abierta y mutidireccional que propician las nuevas tecnologías es incompatible con un sistema que “premia” al enfermo y “castiga” al sano.

La explosión de una nueva forma de comunicación es, quizás, el elemento que de una forma más plausible ha puesto de manifiesto esta desconexión entre médico y paciente. Las nuevas tecnologías permiten que cualquiera sin entrenamiento profesional puede mantener un diálogo con múltiples interlocutores en múltiples canales con o sin el permiso de los instituciones sanitarias formales.

Contrasta el dato de la desconexión con el cada vez mayor uso de las redes sociales por parte de los médicos para comunicarse entre ellos o encontrar información que les ayude en su práctica y desarrollo profesional. Las encuestas de pewinternet (Social Life of Health Information) o los fantásticos datos de F. Lupiáñez que recoge Eva Velasco , lo ponen de manifiesto.
Sin embargo, las instituciones formales aún obtienen rédito de la organización y la estrategia de cuidados actual, por lo que no es presumible esperar impulsos de cambio desde ellas. Al contrario, veremos un período de reacciones en contra, como cortar el acceso a las redes sociales  desde los ordenadores de centros sanitarios, ocultar información para la toma de decisiones por sus clientes o negarse a aceptar otro tipo de acto médico que no sea el convencional analógico. El médico inmerso en la tremenda presión asistencial que le impone el sistema, no está dispuesto a abrir esa “caja de Pandora” como expresaba la médico Pauline Chen en un artículo en el NY Times

El cambio deberá venir por parte del médico y del paciente, los únicos protagonistas del sistema. Tendrán que ser capaces de reencontrar la dimensión relacional del acto médico. Dimensión perdida  en la creencia sobre el poder ilimitado de la técnica. Valga como ejemplo la desmesurada prescripción de ciertos fármacos de forma “preventiva” sin dar posibilidad a la recuperación natural de organismo, que exige un tipo de relación distinta a la transaccional desde el sufrimiento.

La conexión empática implica, no sólo reconocer las emociones del otro, sino el compartir los aspectos positivos de la situación y actuar en consecuencia. Este tipo de conexión permite a los clínicos dotar de significado al acto médico al tiempo que crean el compromiso mútuo (hacia la salud) suya y de su paciente.

A través de esta conexión, el médico puede ayudar como experto a que su paciente descubra y adquiera las capacidades que posee para recuperar, mantener o mejorar su salud. Y,  en los casos más graves, simplemente estar presente acompañando en el camino a su paciente.

En el próximo post hablaré de cómo las nuevas tecnologías pueden significar un complemento e impulso para recuperar este tipo de relación curativa.

Esta innovación supondrá un antes y un después, no sólo para la persona con problemas de salud o deseando mejorarla, sino para la profesión de la medicina, corroida demasiado tiempo por la pérdida de significado, el síndrome del burn out y el trabajo a destajo realizado por trabajadores de la salud estandarizados y fácilmente reemplazables. Lo que ha empobrecido económica y socialmente de forma notable a la generalidad de la profesión, en favor de los intereses corporativos públicos y privados.

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  1. Eva Velasco
    8 agosto 2010 en 2:28 PM

    Hola Pedro, gracias por citar mi presentación Internet y Salud en España. Es verdad lo que dice @manyez, escribes muy poco!!. Me gustará leer la segunda parte de tu post.

    En la comunicación médico-paciente se me ocurre utilizar blogs para que el paciente se sienta más cercano, el uso de e-mail como forma de comunicación, pero qué hay de la privacidad del paciente cuando usamos Facebook, o Twitter? piensas que cada médico podría tener una pequeña comunidad tipo Ning (privada) o funcionar via DM en Twitter, o quizás foros donde nadie pone su nombre real?. En España es una realidad el foro de enfemenino.com, o foros como adelgazar.net, donde no he visto ni nutricionistas ni endocrinos ayudando a la gente que quiere adelgazar, se ayudan entre sí.

    Naturalmente hay otro aspecto que es la actitud del rechazo a todo lo que tenga que ver con internet, y muchas veces con razón por la mala calidad de los recursos y la información engañosa. Quizás los médicos necesiten “coaching” para gestionar un paciente empoderado?

    Lo dicho, no tardes mucho en escribir la segunda parte, aunque estemos en agosto.

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    • Pedro L. González
      9 agosto 2010 en 7:47 PM

      Gracias @evavelasco ! Tienes razón, escribo poco últimamente. A la vuelta de las vacaciones quiero equilibrar más mi balanza personal que he dejado declinarse -quizás en exceso- en favor el trabajo, la vida privada y…porque tuve unas cuantas semanas de reflexión y estudio, que también necesitaba…

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  2. J.
    7 octubre 2010 en 11:26 AM

    Hola Pedro!
    Me parece un blog muy interesante.
    Lo leeré con calma.
    Hay una iniciativa que creo puede interesarte sobre el acceso a internet desde las consultas.
    Un saludo.

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  3. 30 abril 2011 en 1:31 PM

    very nice post to in this blog…………

    Dr tarik farooq

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  1. 4 agosto 2010 en 12:30 PM

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