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Redes sociales: canales de transparencia y poder

Ayer tuve ocasión de asistir a un interesante y bien planeado seminario sobre la utilización de las redes sociales para comunicar y, cómo no, vender. La sesión me sirvió para contrastar mi grado de conocimiento de estos nuevos medios de comunicación y para reforzar mi idea de que son una magnífica oportunidad para la proyección de la responsabilidad corporativa y la transparencia de las empresas. Permiten un diálogo sincero con los afectados por la actividad empresarial y aportar un valor sostenible a su marca.

Esta ecuación de la responsabilidad y la transparencia para la creación de valor sostenible -casi tan vieja como el tiempo-  es, sin embargo, difícil de comprender por muchos ejecutivos de empresa. Entre los allí presentes muchos estaban ávidos por conocer los trucos para “colocar” más productos a través de estos medios. La prisa por el crecimiento a toda costa, los márgenes y la cuota de mercado les impide pensar que hacer eso en los medios sociales es como sentarte en una mesa en la que varios amigos charlan de sus cosas, interrumpirles y ponerte a venderles lo último. La mayoría se dará la vuelta e intentará eliminar el ruido molesto. Los menos educados, le echarán de la mesa sin templanza.

Y es que como bien apuntó Javier Celaya, uno de los ponentes en el seminario, para aprovechar las enormes oportunidades que ofrecen redes como Twitter, FaceBook, LInkedin o Xing hay que cambiar la manera de entender los mercados y la sociedad en que se asientan. Es necesario casi un cambio de conexiones neuronales, como apuntaba Alberto Calero, director de Innovación en una compañía de telecomunicaciones, en su defensa de la teoría de redes como base explicativa del fenómeno.

Hace poco en un tweetchat sobre los medios sociales y la sanidad opinaba que aquél del sector salud que pretenda vender -sin otro valor- a través de estas redes a los pacientes y sus familiares -ávidos de información, consuelo y aprendizaje- simplemente perderá toda credibilidad y confianza. Y es que una de las virtudes (o peligros para algunos) es que son como canales en los que al entrar nos tenemos que desnudar y no podemos ocultar nuestras carencias, deficiencias y, claro está, también nuestras virtudes.

transparencia

¿Quiere eso decir que estos medios son sólo para los perfectos? No, no se trata de practicar la eugenesia virtual, sino de promover la responsabilidad en una cultura de transparencia.  En la reunión surgió un tema, para mí crucial, referente a si en España aprovecharíamos esta gran oportunidad o llegaríamos a la fiesta cuando ya todo ha acabado y el mundo está en otra celebración.

Celaya puso sobre la mesa con valentia la realidad del olvido de una gestión real de la reputación de marca en las empresas españolas y -quizás en correspondencia- la casi nula acción ciudadana alrededor de la actividad empresarial (a diferencia de los países anglosajones) Los expertos allí presentes pasaron “de puntillas” por esta gran verdad sin aportar soluciones. Al contrario, más escondiendo la cabeza debajo del ala, quizás para simular que hay un mercado de consumidores soberanos. Pero lo cierto es que nadie pudo poner el ejemplo de una empresa española (no filial de políticas multinacionales) que haya entrado en conversación con sus públicos.

Calero insistía en la inexorable transformación y toma de posición de las redes de personas cuando están hipercomunicadas. Pero no dejo de pensar que eso sólo puede ocurrir si esas personas, además de muy comunicadas, están motivadas para la acción, porque son conscientes de que el mercado son ellos, las personas.

Por eso insisto en la gran oportunidad para el desarrollo de la responsabilidad corporativa que tienen en estas redes, sobre todo, las grandes empresas. Una representante de uno de los grandes bancos alardeaba de la importancia de los medios sociales y del esfuerzo que pone su organización en comprenderlos e integrarlos en su estrategia. Sin embargo, me pregunto si están dispuestos a informar y educar a sus clientes sobre el uso de los medios sociales y el poder que les da como consumidores.

El sector de la salud es el que estoy convencido de que sufrirá un cambio mayor en los próximos años, al prestar al paciente el apoderamiento que necesita para ser gerente de su salud y su bienestar, eliminar la asimetría de información (a pesar de muchos)  y no ser un mero testigo de su enfermedad. Y eso, le guste o no a los operadores dominantes en la sanidad.

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Categorías:Permiso para operar, Transparencia Etiquetas:
  1. Carolina
    22 septiembre 2009 en 8:45 PM

    Muy bueno el artículo… me encanta tu espíritu de lucha! Y tus interminables ganas de aprender y mejorar las cosas.
    Abrazos,
    Carolina

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  2. Antonio
    28 septiembre 2009 en 8:57 AM

    Me parece buenísimo el artículo. Y la transposición de las redes sociales a una charla de amigos, me parece de genio. Porque aunque es evidente que es así, a todo el mundo nos gusta complicarlo. Y en la sencillez está la genialidad.

    Bravo, Pedro.

    Me gusta

  1. 22 septiembre 2009 en 9:37 PM

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